Preguntas Curiosas: Explorando Consecuencias y Soluciones con Nuestros Hijos

Preguntas Curiosas: Explorando Consecuencias y Soluciones con Nuestros Hijos

Ante cualquier inconveniente, como papás, tenemos la tendencia de decirle a nuestros peques qué pasó, por qué pasó, cómo deberían sentirse, qué deberían aprender y, de paso, qué deberían hacer para solucionarlo. Con esto limitamos las oportunidades que tienen nuestros peques de pensar por sí mismos en soluciones a sus propios problemas y, entonces, les imponemos consecuencias (o castigos disfrazados de consecuencias).

Por el contrario, cuando nos enfocamos en soluciones, no solo nuestro pensamiento y comportamiento cambia hacia nuestros hijos sino, también, cambiará el pensamiento y comportamiento de ellos. Pero, como toda habilidad, debemos ayudarles a entrenarla. Y lo hacemos no sólo brindándoles oportunidades para practicar sino, asimismo, entrenándola en nosotros. Nuestros hijos comenzarán a tomar mejores decisiones porque, estas decisiones, comenzarán a tener sentido para ellos. No siempre tomarán las mejores decisiones, pero aprenderán de estos inconvenientes mientras estemos a su lado.

Los niños son excelentes solucionadores de problemas si les damos oportunidades para practicar y si, a su vez, les escuchamos atentamente y con interés. Jane Nelsen (2006) lo dice de manera muy clara: “… el énfasis está en ayudar a las personas a aprender cómo solventar problemas en vez de tener que pagar (a través de castigos) por esos problemas”.

Pero ojo, cuando apenas estás comenzando a enfocarte en soluciones y a hacer lluvia de ideas con tus peques, te darás cuenta que la mayoría de las soluciones que proponen tendrán un tono punitivo. Es normal. Es a lo que están acostumbrados porque les hemos mandado el mensaje, por mucho tiempo, que tienen que sufrir para hacerlo mejor y solucionar lo que hayan ocasionado. Cuando esto pase, es bueno interrumpir y recordar que nos estamos enfocando en soluciones, y que es importante eliminar todas aquellas opciones que sean imprácticas e hirientes para ellos u otras personas.

Es positivo que esta práctica sea llevada a cabo en familia, no sólo con la persona(s) implicada(s) en el problema. Es una habilidad que estaremos desarrollando en conjunto, que les permitirá mejorar en empatía, comprensión, respeto y utilizando los errores como oportunidades de aprendizaje. 

Cuando tengan una lista de soluciones en las que todos hayan participado y acordado, déjale a tu peque decidir cuál solución quiere intentar, y conversen nuevamente (una semana más tarde) para evaluar si consideran fue la mejor opción para poner en práctica. Denles la oportunidad de aprender sin decirles qué deberían hacer o elegir.

En el libro Positive Discipline, Jane Nelsen habla de las 3 Rs y U de la búsqueda de soluciones. De este modo, siempre busquen que las soluciones sean:

1. Relacionadas al problema
2. Respetuosas
3. Razonables
4. Útiles

Pero es importante recordar: como en cualquier método positivo que quieras implementar, tener un tono amable y firme, y a la vez, ver los errores como oportunidades para aprender (manteniendo la culpa fuera de nuestro discurso), es lo que determinará el éxito. No intentes buscar soluciones cuando los ánimos o nuestro lado racional y el de nuestros peques esté tapado por la emotividad. Para eso, utilicen un momento para calmarse al estilo del Positive Time Out.

Una de las mejores formas de hacer seguimiento o buscar soluciones a los problemas es ayudar a nuestros peques a explorar las consecuencias de sus decisiones a través de las Preguntas Curiosas.

Pero es importante tomar en cuenta que para utilizar las preguntas curiosas, primero debes estar dispuesta a escuchar. Escuchar con atención a tu(s) peque(s), con un interés genuino de saber lo que tienen que decir, de conocer su punto de vista. Aunque no estés de acuerdo con ellas, evita las recriminaciones, comparaciones o sermones. Más bien, utilízalo como una oportunidad de indagar con ellos y ayudarlos a pensar en las consecuencias de sus decisiones. Cuando les preguntamos, les incentivamos a pensar, a ponerse en el lugar de otros, a mirar a futuro, a buscar soluciones apropiadas.

De ahora en adelante, ¿qué tal si en vez de querer llenarles de órdenes y de nuestra “lógica” (a veces no tan lógica), les enseñamos a entrar en su propio lado lógico e indagar en sus pensamientos y formas de ver el mundo? Es mucho más respetuoso, alentador y atractivo para ellos (y para nosotros) aprender cuando se les anima y les hacemos sentir que su opinión cuenta. Cuando viene de parte de ellos la solución y no cuando alguien más se las impone.

Solo ten en cuenta los siguientes lineamientos que nos ofrece Jane Nelsen:

1. No prepares un libreto. Pregunta y escucha de manera genuina sin esperar que tu peque responda como crees que “debería”. Disfruta entrar en su mundo.
2. No hagas preguntas si alguno de los dos está indispuesto (frustrado, molesto, triste). Retoma el “problema” cuando ambos estén calmados.
3. Realiza preguntas desde tu corazón. Utiliza tu sabiduría como guía y muestra empatía y aprobación.
4. No incluyas preguntas de “¿Por qué?”. Normalmente este tipo de preguntas suenan acusatorias e invitan a tu peque a estar a la defensiva. Deja los “¿por qué?” para los momentos en que veas que tu peque sepa que estás verdaderamente interesada en lo que tiene que decir, y por supuesto, observa que no suenen a acusación.

Cuando haya un inconveniente, intenta preguntar: ¿Qué pasó? ¿Qué piensas que lo causó? ¿Cómo te sientes?¿Cómo crees se siente la otra persona acerca de esto? ¿Qué has aprendido? ¿Cómo podrías usar este aprendizaje en el futuro? ¿Qué ideas tienes ahora para solucionarlo? Éstas son solo algunas preguntas que variarán dependiendo del problema. No aconsejamos que sean utilizadas como parte de un libreto. Sé espontánea al realizarlas. Si necesitas que tu peque explore más profundo, pregúntale: ¿puedes decirme más? ¿Puedes darme un ejemplo? ¿Hay algo más que quisieras decir?. Jane Nelsen nos incentiva a utilizar “¿Hay algo más?” las veces que sean necesarias hasta que tu peque no pueda pensar en nada más qué decir.

Uno de los trabajos más importantes en nuestra crianza es enseñarles a nuestros peques pensar por sí mismos. Y para eso debemos escucharles. Te invito a que, la próxima vez que te enfrentes ante un problema con tu hijo, te fijes si: ¿le alientas a pensar en las consecuencias de sus decisiones sin recriminaciones? o, por el contrario, ¿terminan en una lucha de poderes que finalizan con castigos?

“Enseñarle a los niños qué pensar en vez de cómo pensar es muy peligroso en una sociedad llena de presión social, cultos y pandillas, porque tu hijo simplemente buscará el siguiente ‘experto’ que le diga por dónde ir en vez de usar su pensamiento crítico”. Jane Nelsen.

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