“Tenemos la tonta creencia que para hacer que nuestros hijos

se comporten mejor, primero tenemos que hacerles sentir mal”

Con esta frase de Jane Nelsen, fundadora de la Organización de Disciplina Positiva de los Estados Unidos, me adentré a conocer un poco más acerca de lo que implica este tipo de crianza, y me convencí de que, como padres, necesitamos hacernos de mejores herramientas y estrategias a la hora de criar a nuestros hijos. Tenemos que trabajar en nosotros mismos para conectar mejor con ellos, y necesitamos ponernos en sus zapatos para entenderlos mejor.

No, los niños no piensan como los adultos. No tienen por qué. Sus cerebros no tienen el desarrollo ni la madurez suficiente. Su lógica es diferente a la de los adultos. Les decimos que TIENEN que entender mil cosas cuando nos sentimos desbordados emocionalmente, pero al minuto no los involucramos en decisiones que los afectan porque “son muy pequeños para entender, ellos se adaptan rápido”… y comienzan los problemas. Pero empecemos con el tema que nos trajo hoy aquí.

¿Por qué los castigos, gritos, sermones y/o amenazas no funcionan y no deberían ser una alternativa en la crianza?

📞 Imagínate que te llaman de la escuela porque tu hijo le pegó/mordió a otro niño. Entonces para “darle una lección”, le pegas y castigas. Es decir, ¿“te lastimo para enseñarte a no lastimar a otros”? No tiene sentido, ¿cierto? Además de humillar a tu peque, lo que estás consiguiendo es dar un terrible ejemplo a imitar. Tu hijo aprenderá a descargar sus frustraciones y rabia de manera agresiva porque le estás enseñando, con tus acciones, que es la manera de hacerlo. Ante los golpes como método de crianza, enseñamos que está bien golpear. Ante los castigos, los niños aprenden a discutir o escapar. Ante las amenazas, a no creer en lo que dices.

🗣A veces no les pegamos, pero sí sermoneamos, regañamos, gritamos y los mandamos a su cuarto con un tono de voz que, seamos honestos, en el fondo les dice: “¡para que aprendas!”. Pero, ¿realmente eso los hará pensar en lo que hicieron, por qué lo hicieron y cómo mejorarlo? Más importante aún, ¿cómo crees que esto influye en lo que piensan, sienten y deciden hacer en un futuro? ¿Dónde crees que quedará la confianza? Ante los sermones como método de crianza, los niños aprenden a pelear la “autoridad”. Ante los gritos, oídos sordos.

🧒🏼 Nos enfocamos en la acción, pero no en lo que la provocó. Siempre detrás de un comportamiento hay un niño con una creencia equivocada de cómo obtener la atención de un adulto o hasta su amor. Pero, también, detrás de los comportamientos hay un niño que pide ayuda, que dice a gritos “me siento mal, quiero pertenecer” pero ni ellos mismos saben darle palabra a lo que sienten (a veces los adultos tampoco lo hacemos muy asertivamente). Ojo: estos mensajes ocultos son inconscientes. Los niños suelen ser excelentes observadores, pero no tan buenos interpretando lo que ven. Entonces, cuando nos enfocamos en la acción y no ayudamos a solventar lo que hay detrás, podríamos generar baja autoestima en el niño, desconfianza en los padres, sentimientos de venganza o luchas de poder. Niños que se sienten incomprendidos y, según su personalidad, pueden “decidir” actuar de formas negativas.

😥 Con estos métodos hostiles de crianza lo que generamos es miedo. Y pronto esto traerá consecuencias negativas en el comportamiento de tu peque, bien sea mostrando personalidad sumisa o, por el contrario, agresiva. 

🤯 El niño termina sin un verdadero aprendizaje, ni acerca de sus emociones ni cómo sus acciones tienen consecuencias en sí mismos y en otros. Mucho menos los estamos preparando para buscar soluciones que sean apropiadas para solventar el mismo tipo de problemas. Los patrones se repetirán.

Les regalo otro dato súper importante. Jane Nelsen nos habla de las tres  R´s del Castigo. Esto es, los caminos que podrían guiar los pensamientos de nuestros peques interpretando nuestras acciones y castigos. A corto plazo, esta estrategias pueden parecer efectivas pero, a largo plazo, no ayudamos a nuestros peques a desarrollar motivación intrínseca que les permitan adquirir características y habilidades para la vida que estoy segura quieres para ellos. Así, las tres R´s del Castigo son:

REBELDÍA: “No me puedes obligar, haré lo que YO quiera”

REVANCHA: “Aguanta tranquilo, me desquitaré en cuanto tenga oportunidad. No importa lo que pueda pasar”.

RETRAIMIENTO: “Soy mala persona” (baja autoestima); “No me atraparán la próxima vez” (aprender a mentir).

Papá/mamá, te entiendo. Detrás de un papá regañón, sermonero y gritón también existen muchas falsas creencias acerca de la crianza. Ahí detrás está un papá tratando de hacer lo que puede, pero con las herramientas erróneas para lograrlo. Detrás, hay un papá que, asimismo, creció desarrollando creencias equivocadas acerca de sí mismos. Cuando golpeas, castigas o le gritas a tu hijo estás sacando tu propia rabia colocándola en tu  peque. No tiene nada que ver con tu peque, no les cargues con fantasmas que nos les pertenecen.

¿Qué puedes intentar?

RESPIRA antes de dictaminar cualquier sentencia en contra de tu peque. Conecta antes de corregir: “¡Vaya! Debiste haber estado muy enojado para pegarle a un compañero, ¿eh? [podrías hacer una suposición de lo que pudo haber pasado si crees tener una idea]. Hay veces que sentimos como si algo nos quemara por dentro de la ira y actuamos sin pensar. Supongo que ahora te sientes avergonzado y triste por lo sucedido [tu peque podría asentir], ¿quieres contarme qué pasó?”. Si no quiere contarte en este momento, podrías decirle: “Está bien. Cuando estés listo(a), estaré contenta de escucharte”. Si te cuenta, no le interrumpas ni intentes corregirle o decirle lo mal que estuvo; por el contrario, intenta hacerle preguntas curiosas que te ayuden a saber más: “ummm, ¿y eso cómo te hizo sentir?, ¿Cómo crees que se ha sentido “fulanito” después del golpe?, ¿Qué podría hacerlo sentir mejor?, ¿Qué te haría sentir a ti mejor?, etc”. Deja que sea él quien tome la iniciativa de las soluciones, y opina solo cuando hayan varias opciones. Si ves que no se anima a iniciar las ideas, podrías decirle: “¿Qué te parece si nos disculpamos? ¿Quieres hacerlo solo o te gustaría que te acompañe?”. Intenta intervenir en sus respuestas lo mínimo posible, o responde con otras preguntas que lo ayuden a llegar a una buena solución.

Tu peque ya sabe que hizo mal, no necesita que se lo recuerdes 

Haciendo preguntas, exploramos con ellos las consecuencias de sus actos y posibles soluciones.

Piensa en esos momentos en los que peor te has sentido (bien sea triste, molesto o frustrado) e imagina cómo te hubiese gustado (o te gustaría) que te trataran. Ahí tienes herramientas muy buenas para intentar con tu peque.

La clave está en ser empáticos, que no es otra cosa que conectar emocionalmente con tu peque, ACEPTAMOS su emoción, sin que nos altere. ¿Por qué? porque la entendemos, le acompañamos sin drama.

Espero les haya gustado y nos ayude a reflexionar como padres lo que queremos inculcar en nuestros hijos. Mi mayor ilusión es que les sirva como un comienzo hacia un cambio positivo en nuestra maternidad/paternidad.

¿Ustedes han intentado algo diferente? ¡Cuéntame en los comentarios!